Lo único que la IA no puede originar: por qué la creatividad debe estar en el centro de la educación
Pide a un modelo de IA que redacte un plan de negocio o la política de un colegio y producirá un documento coherente casi al instante. Sin embargo, no es capaz de generar una idea original que tenga en cuenta la experiencia humana o el contexto exacto para el que se crea. La IA remezcla y recombina material existente a una escala que ningún ser humano puede igualar, pero no crea nada por sí misma y, por tanto, no es creativa. Esa distinción se está convirtiendo rápidamente en la frontera más clara entre lo que hace la IA y aquello para lo que existimos los seres humanos, y debería estar transformando lo que los colegios consideran esencial enseñar. Según McKinsey, el 77 % de los CEO, COO y miembros de consejos de administración afirman que la creatividad es un motor de crecimiento fundamental en las empresas. No es una idea nueva: en 1950, J.P. Guilford ya identificó la creatividad como un componente esencial de la inteligencia. El rápido desarrollo de la IA está obligando a los responsables educativos a replantearse la importancia de la creatividad para garantizar que los jóvenes estén preparados para la era de la IA y comprendan cuál es su papel en ella.
La creatividad en todo el currículo
Hasta ahora, los colegios han situado la creatividad en el aula de arte, en el estudio de teatro o en la escritura creativa, en lugar de considerarla relevante para todas las asignaturas que estudia un alumno. Por supuesto, la creatividad ya forma parte de parte de lo que hacemos. Sin embargo, confinarla a las "asignaturas creativas" ha provocado que generaciones de estudiantes que no cursan este tipo de materias en los últimos años de su formación terminen sus estudios con las habilidades y competencias propias de su campo, pero con una idea mucho menos clara de cómo generar ideas propias.
El coste de esa omisión se puede medir. El análisis de referencia de la investigadora Kyung Hee Kim, basado en casi 273.000 Pruebas de Pensamiento Creativo de Torrance realizadas a escolares estadounidenses desde la década de 1970, reveló que, mientras las puntuaciones de cociente intelectual seguían aumentando, las de pensamiento creativo empezaron a caer a partir de 1990, y que los descensos más pronunciados se dieron entre los niños más pequeños. Ocurriera lo que ocurriera en las aulas durante esas décadas, no se estaba desarrollando la capacidad de los alumnos para originar ideas y ser creativos. Que esta tendencia vaya en dirección contraria a lo que los estudiantes necesitan, y a lo que Guilford ya identificó en los años cincuenta, es el gran reto al que se enfrentan los colegios en la era de la IA. La creatividad y la capacidad cognitiva no son lo mismo, y un sistema educativo centrado sobre todo en la segunda no puede desarrollar la primera como un efecto secundario. Por eso, la creatividad debe cultivarse y fomentarse en todas las asignaturas y en todas las aulas.
Cómo se desarrolla realmente la creatividad
La creatividad no es un rasgo fijo que algunos alumnos tienen y otros no. Es una habilidad que se puede construir, que se desarrolla mediante la práctica deliberada y que responde a unas condiciones concretas. En las aulas donde se fomenta la creatividad suelen darse tres condiciones:
La primera es la exposición a una gran variedad de ideas y a material desconocido, lo que favorece el pensamiento original al obligar a los alumnos a conectar sus conocimientos previos con lo nuevo. Esto se debe a que las ideas originales suelen estar vinculadas a nuestras experiencias anteriores. Al fin y al cabo, Thomas Edison no habría inventado la bombilla sin los conocimientos de ingeniería eléctrica que había adquirido antes.
La segunda son las restricciones, algo que parece ilógico si tenemos en cuenta que pedimos a los alumnos que sean creativos y piensen de forma diferente. Sin embargo, si pides a un alumno que tenga una idea o haga un dibujo, a menudo se quedará mirando por la ventana preguntándose "¿por dónde empiezo?". Ofrecer un punto de partida claro, con un objetivo, un marco, una hipótesis o unos criterios de éxito, puede estimular el pensamiento lateral: los alumnos proponen muchas soluciones diferentes y originales ante una misma situación y pasan de una idea conocida a crear una nueva.
La tercera condición es fomentar el pensamiento divergente, creando un entorno en el que los alumnos puedan proponer ideas sin la presión de tener que encontrar una respuesta correcta dentro de un área de conocimiento concreta.
Nada de esto depende de esperar pasivamente a que llegue la inspiración de la nada. Los alumnos que trabajan en estas condiciones aprenden a desarrollar ideas originales, sobre todo cuando lo practican junto con conocimientos reales de cada asignatura, y no como un "módulo de creatividad" independiente.
Creatividad y pensamiento crítico: ¿dos caras de la misma moneda?
Además de desarrollar la creatividad, los alumnos también necesitan saber pensar de forma crítica, analizar ideas y tomar decisiones informadas. Aunque a menudo se considera que estos dos procesos mentales son diametralmente opuestos, ambos requieren un razonamiento flexible y, a la vez, orientado a un objetivo (Halpern, 2003), por lo que deberían enseñarse juntos, ya que son procesos cognitivos interdependientes (Park, Li y Niu, 2023). En definitiva, saber utilizar herramientas de IA de forma eficaz no es suficiente. Necesitamos que nuestros alumnos desarrollen habilidades humanas esenciales para generar ideas y evaluar la eficacia de las soluciones.
Por eso la creatividad se sitúa junto a la comunicación, el criterio, la empatía y la colaboración como una de las Human Power Skills que están en el centro de lo que, en nuestra opinión, debe ofrecer una educación preparada para el futuro. Son las capacidades genuinamente humanas que conforman lo que llamamos el Ariston Quotient, la combinación de capacidad emocional e intelectual (AQ = EQ + IQ) que la IA no puede replicar. Tratar el pensamiento original como una habilidad que debe integrarse en nuestros currículos es prepararse para un mundo en el que la ejecución está cada vez más automatizada y la originación es, cada vez más, lo que queda en manos de los seres humanos.
En el British International School de Ljubljana y en Ariston Education creemos que los colegios que se toman esto en serio no solo están enriqueciendo la educación de sus alumnos: les están dotando de la única capacidad que les hace insustituibles.